El año pasado, coincidí en Shanghai en un taller de escritura con algunos profesores de español que vivían en China, algunos de ellos en regiones bastante alejadas, ciudades pequeñas donde todo el mundo se conocía y les conocía. Estuvimos hablando de lo difícil que les resultaba mantener cierto nivel de intimidad allí, porque parecía que todo el mundo era muy consciente de sus actividades cotidianas y ocio. También contaron que es habitual que en las clases tengas estudiantes afiliados al partido (comunista), y que por eso debes tener cuidado con decir cosas no convenientes. En el caso de China las inconveniencias reciben el nombre de las tres T: Taiwán, Tibet y Tiannamen.
He de decir que en Hong Kong esto no es así, puedes manifestarte con total libertad, pero los estudiantes no parecen especialmente concienzados políticamente. Aunque tal vez sea mucho generalizar, creo que casi todos están muy preocupados por su futuro profesional y no les interesa demasiado la política. A pesar de la libertad aparente en Hong Kong, siempre he tenido cuidado con hacer comentarios de esta índole. Siempre recuerdo mis primeras experiencias como profesora de español a inmigrantes, mis meteduras de pata, por inocencia o directamente ignorancia… y a partir de ahí he intentando ser muy prudente, incluso aunque parezca no ser necesario. Por eso me ha llamado la atención siempre cómo algunos de mis profesores de inglés en el British Council, por ejemplo, han hecho comentarios sobre sexo, drogas, corrupción, etc., con total naturalidad y ¡no pasó nada! Imagino también que nuestro “público” es diferente: allí adultos, y aquí jovencitos y pelín inmaduros. Tengo una teoría para explicar el exceso de infantilismo que a veces observo. De pequeños y adolescentes han tenido tanta presión y vigilancia paterna, que cuando llegan a la universidad les sobreviene una edad del pavo nunca vivido.
Lo que no he contado, porque me he centrado en el rollo político… A diferencia de su apatía por lo político y social, me he encontrado con estudiantes que hablan abiertamente y con mucha naturalidad de sus tendencias sexuales
, algo que me sorprende gratamente. Sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad no tradicional, pero tampoco abiertamente progresista.
