Como aquí solo hablo de mí, de lo que hago, de lo que estudio, de lo que pienso… (cuánto me recuerda esto al Me, myself and I, de De la Soul) pues sí, ya habré repetido como quinientas veces que estoy estudiando chino (ay) e intentando mejorar mi inglés, que para eso es la lengua que utilizo mayoritariamente en Hong Kong. Mi historia con el chino es larga y complicada, aunque en realidad si me preguntan el nivel que tengo es fácil de responder: inicial perpetua. Además, como solo tengo una hora a la semana y casi ninguna oportunidad de practicar (estudio mandarín en Hong Kong) pues suelo olvidar rápidamente lo que veo en las clases.
Vaaaaale, no estoy siendo sincera del todo. Sí, una hora a la semana, y que aquí hablan cantonés, pero también es verdad que podría practicar mandarín con los estudiantes, porque todos lo hablan, pero nunca lo he hecho. No sé qué me ha pasado con esta lengua, me he comportado siempre como una cobarde, y así me ha ido. Cuando intentaba preguntar algo y veía que no me entendían, me sentía tan ridícula que pasaba inmediatamente al inglés. Así que voy a clase, hablo un poquitín, entiendo un poquitín lo que me dice la profesora (no me habla inglés casi nunca, ¡será posible!), escribo un poquitín, y siempre pienso, “a ver si esta semana saco algo de tiempo para ponerme con los caracteres”. Y así desde que llegué a Hong Kong. Este verano pasaré un mes en China y Tibet (qué contenta estoy), donde mucha gente NO habla inglés, así que espero que aunque no sea más que por simple afán de supervivencia, mi lado valiente venza al cobarde y use el poco mandarín que sé.
Mi inglés es otra historia. Historia interminable, como el chino, me temo. Pocas veces he ido a clases de forma regular, y la mayor parte de lo que ha aprendido ha sido por mi cuenta. Empecé un nuevo curso en el British la semana pasada (he hecho con este tres), y he tenido que ponerme a pensar de nuevo sobre el tipo de estudiante que soy, ya que la primera tarea consistía en escribir un texto acerca de nuestra experiencia como aprendientes… Creo que de tanto pensar en el tema, yo como profe o como alumna, me veo capaz de escribir sobre eso no un texto, sino diez. Así que durante 25 o 30 minutos le volví a soltar el mismo rollo a mi nuevo profe: que me gusta leer en inglés, pero que escribir me cansa; que la comprensión oral pues vaya; que la gramática pues así, etc.
Por lo visto este semetre han introducido como novedad el trabajo en la clase y fuera de la clase, de manera obligatoria, el trabajo con el pasaporte del estudiante. Asi que mis deberes del fin de semana han consistido en mirar y remirar el cuadernito e irlo completando con la foto, mis datos, palabras nuevas que he aprendido esta semana y demás. Reconozco que lo hago porque me “obligan”. Me lo dice un profesor, y yo no puedo decir que no, pero probablemente si no hubiera dejado tan claro que más vale que lo hagamos, porque formará parte de nuestro trabajo en la clase pues… mi maldita vagancia se habría impuesto.
Ay, cómo entiendo a mis estudiantes: sus momentos de flaqueza, sus caras de “pues tú dirás que es muy útil, pero menuda forma de perder el tiempo”, y sus deberes hechos en el último segundo, a veces hasta copiados. Revisando lo que he escrito hasta el momento, parece que no me gusta la idea del pasaporte. Pues no es verdad, ¡me encanta!, pero reconozco que me cuesta, que prefereiría estar leyendo el periódico, escribiendo aquí o viendo una de mis series favoritas. Más me vale empezar a aplicarme los consejos que les suelo dar a los estudiantes: trabajo, constancia e interés, entre otras cosas.

