Una de las tareas evaluables del curso de verano de Chinese U era un debate, importantísimo para ellos porque consistía en el 20% de la nota final. Días antes decidmos, entre varios temas posibles, sobre el que finalmente discutiríamos: ¿son válidos los exámenes? ¿podemos plantearnos otra manera de hacerlos (con acceso a Internet, como en Dinamarca, por ejemplo)?
Primera “sorpresa”: TODOS estaban de acuerdo en que los exámenes son necesarios e imprescindibles, y que no es conveniente usar Internet u otro tipo de material “extra” durante los mismos, porque en su opinión esto perjudica a los buenos estudiantes, y favorece a los más vagos, o poco trabajadores. Todos coincidían, además, en que los exámenes son la mejor forma de seleccionar a los mejores estudiantes. ¿Me extrañó? Pues no. Prima, y no solo en la universidad, la evaluación selectiva, por lo que es lógico que los estudiantes repitan como loros semejantes ideas, y que no se planteen su validez o posible revisión.
Como se trataba de un debate, bueno, más de una conversación en la que se discutiría tan polémico asusnto, no hubo problemas en ponerse de acuerdo para defender posturas opuestas. Me hizo gracia cuando una de las estudiantes, por ejemplo, nada más terminar dijo que se quería morir, porque había defendido con todas sus ganas la injusticia de los exámenes. La verdad es que a mí el tema me interesa muchísimo y me parece de lo más interesante. Creo además que, en general, no se le presta en nuestro mundillo de los profesores de español del sudeste asiático la atención que merece, empeñados como estamos todavía en debatir si lo comunicativo o los enfoques por tareas u orientados a la acción funcionan o no. En fin, es mi opinión. Bueno, a lo que íbamos. Durante la preparación del debate, los estudiantes contaron cuáles eran los exámenes más importantes de Hong Kong y para qué sirven. Son dos: HKCEE y HKALE, exámenes públicos para los estudiantes de secundaria similares a la selectividad española. Por lo que contaron, su importancia es máxima, porque de su resultado depende la continuación de los estudios y el ingreso en la universidad. Ellos hablaban de que solo entre el 18 o el 20% de los estudiantes llegan finalmente a la universidad, ¿ y el resto? Pues por sus respuestas, pocas opciones les quedan.
Surgieron ideas muy interesantes, tanto a favor como en contra, aunque en este caso fuera en contra de sus principios y creencias. Organizamos dos grupos: los que estaban a favor y los que estaban en contra. Contábamos también con un moderador, que preparó los días anteriores las preguntas que podían guiar a sus compañeros. Se encargó además de presentarlo, moderar las intervenciones de sus compañeros, y finalmente despedirlo. Yo hice de secretaria, apuntando en un documento word que estaba proyectado en la pizarra todas las ideas (con sus nombres) que iban surgiendo. Al principio pensaba que probablemente estaríamos entre 35 0 45 minutos, sobre todo porque en este grupo tenían pavor a esta prueba y parecía que no estaban muy dispuestos a hablar. Mi segunda sorpresa es que estuvieron hablando cerca de una hora y veinte minutos, y que tuvimos que cortar porque si no no iba a quedar tiempo para la clase. Creo que darse cuenta del tiempo que estuvieron hablando les sirvió para recapacitar sobre sus capacidades en español. Los estudiantes en HK son más bien modestos, y necesitan que les animes continuamente y repitas lo que saben y lo que pueden ser capaces de dar de sí (ay, el ego, que maltratadito lo traen a veces). Les pedí completar después un cuestionario para que reflexionaran sobre su papel en el debate (inspirado en Jill Hadfield), los sentimientos que habían experimentado, si habían ayudado a sus compañeros… y bueno, el resultado confirma mis hipótesis sobre lo bien que les vino sentirse capaces de hablar de un tema tan complejo como este en español, delante de 13 extraños, para una tarea que se iba a evaluar, y con una cámara grabándoles.

![DSCN0485[1]](http://candycandycandy.files.wordpress.com/2010/04/dscn04851.jpg?w=300&h=225)

